HAMLETIN
13/03/2009, 13:34
Publicado en La Voz del Colegiado, revista de los ICCP.
Pago a 180 días
Estimado Sr. Ministro de Economía:
Actualmente soy gerente de una PYME (22 empleados, 3 millones de euros de facturación) cuyo trabajo es una unidad dentro de la construcción de carreteras o infraestructuras en general.
Nuestros clientes son las medianas y grandes constructoras que contratan directamente con las entidades públicas (Ministerio de Fomento, Comunidades Autónomas, Diputaciones, Aena,…) y generalmente nos pagan mediante pagarés o confirming a 180 días de la fecha de la factura más el día 15 ó 20 ó 29 del mes siguiente: total, alrededor de 200 días después de la fecha de la factura.
Nuestros pagos: personal y gasoil al contado (50%) y maquinaria (30%) por adelantado. El resto, piezas de repuestos y otros servicios (20%), los hacemos con pagarés a 90 días.
Venimos soportando desde nuestra creación en 1998, como casi todos los subcontratistas, unos contratos en los que no tenemos forma de rebajar el periodo de cobro, hasta el punto de que muchas constructoras prohíben a sus jefes de obra negociar cualquier trabajo con formas de pago diferentes a los 180 días.
En estos días muchos de nuestros clientes han empezado a fijar la fecha de pago 30 días más tarde, con rumores de que incluso quieren llegar hasta 90 días más de lo actual, con lo que el pago final sería a, cerca de, 300 días.
Ni que decir tiene que mientras los intereses estaban en el 3%, el problema no era muy grave, salvo que en esos 180 días, a lo mejor no te llegaba el pagaré y cuando el señor cliente decidía no pagar, había pasado más de medio año, sin ninguna capacidad de reacción por nuestra parte, salvo los tribunales (y entonces nos acordamos de la maldición del gitano: “¡Tengas pleitos y los ganes!”).
La solicitud de créditos a los bancos para el funcionamiento de la empresa era la única vía, pero conseguíamos una respuesta positiva por su parte, con lo que podíamos trabajar.
Esta forma de gestionar los cobros y pagos, llevó a las grandes constructoras a pasar de ser “Constructoras” a simplemente “Gestoras”, fijando su atención, no en el producto que se compraba y vendía, sino en intentar retener en sus manos el dinero que pasaba por ellas, cuanto más tiempo mejor.
Por eso se generaron algunas acciones muy singulares, como por ejemplo, que nosotros tenemos que pagar el IVA recaudado (en nuestra empresa se hacen pagos trimestrales del IVA) sin haberlo recaudado todavía (o sea, que adelantamos al Estado el dinero que nos retrasan las constructoras-gestoras).
O también intentar mantener las retenciones practicadas por nuestros clientes “para responder por la calidad de la obra”, mucho más allá después de haberlas terminado, e incluso poner trabas para su devolución: cualquier pretexto es bueno para no devolver el dinero que se les debe a los subcontratistas y seguir reteniéndolo.
El efecto inmediato se traduce en que toda su organización, incluidos los técnicos, centran también su atención en fijar el coste mínimo con una forma de pago lo más retardada posible. Esto no sería malo, si además se fijaran en las formas de ejecución y tuvieran en cuenta la técnica y otros detalles, como la calidad (me refiero a la calidad de verdad, no a los documentos que dejan constancia de unos hechos para que, cuando venga la visita del organismo certificador de tal calidad, no encuentre muchos fallos) y los resultados a medio y largo plazo de lo construido; pero las personas somos las que somos, y empleamos nuestro tiempo en aquellas cosas que tienen prioridad, y la prioridad en este tipo de empresas hace mucho que dejó de ser la calidad del trabajo bien hecho, sino cómo retener una cantidad de dinero cuanto más tiempo, mejor: a los empleados, técnicos o no, no se prima un buen trabajo, sino un buen resultado económico inmediato, pase lo que pase en la obra, y por lo tanto, al perder interés la técnica, se pierde el oficio, se encarga cualquier cosa basada en un pliego que no se entiende y amarrado con un contrato leonino, no se implican en la resolución de infinidad de cuestiones que surgen en las obras ya que no es ésa su prioridad y siempre tienen la posibilidad de responder “búscate la vida” o “ese es tu problema”.
A veces de nada sirve llegar a acuerdos de cobro inferiores a los 200 días: una vez que se recibe el pagaré correspondiente, ¿quién lo devuelve porque le han puesto una fecha de vencimiento 50 días más tarde?, ¿quién puede ir a los tribunales para hacerles cumplir un contrato (17 folios por las dos caras en muchas ocasiones) firmado por ambas partes?
Y esta forma de proceder, además tiene un efecto secundario no menos importante: las grandes empresas empezaron a insistir a sus trabajadores en que lo importante no era la técnica, sino el tener un cuadro comparativo que les permitiera hacer las obras con el menor coste posible, independientemente de la manera de conseguirlo y el mayor plazo de pago que los subcontratistas fueran capaces de aguantar.
(Continúa)
Pago a 180 días
Estimado Sr. Ministro de Economía:
Actualmente soy gerente de una PYME (22 empleados, 3 millones de euros de facturación) cuyo trabajo es una unidad dentro de la construcción de carreteras o infraestructuras en general.
Nuestros clientes son las medianas y grandes constructoras que contratan directamente con las entidades públicas (Ministerio de Fomento, Comunidades Autónomas, Diputaciones, Aena,…) y generalmente nos pagan mediante pagarés o confirming a 180 días de la fecha de la factura más el día 15 ó 20 ó 29 del mes siguiente: total, alrededor de 200 días después de la fecha de la factura.
Nuestros pagos: personal y gasoil al contado (50%) y maquinaria (30%) por adelantado. El resto, piezas de repuestos y otros servicios (20%), los hacemos con pagarés a 90 días.
Venimos soportando desde nuestra creación en 1998, como casi todos los subcontratistas, unos contratos en los que no tenemos forma de rebajar el periodo de cobro, hasta el punto de que muchas constructoras prohíben a sus jefes de obra negociar cualquier trabajo con formas de pago diferentes a los 180 días.
En estos días muchos de nuestros clientes han empezado a fijar la fecha de pago 30 días más tarde, con rumores de que incluso quieren llegar hasta 90 días más de lo actual, con lo que el pago final sería a, cerca de, 300 días.
Ni que decir tiene que mientras los intereses estaban en el 3%, el problema no era muy grave, salvo que en esos 180 días, a lo mejor no te llegaba el pagaré y cuando el señor cliente decidía no pagar, había pasado más de medio año, sin ninguna capacidad de reacción por nuestra parte, salvo los tribunales (y entonces nos acordamos de la maldición del gitano: “¡Tengas pleitos y los ganes!”).
La solicitud de créditos a los bancos para el funcionamiento de la empresa era la única vía, pero conseguíamos una respuesta positiva por su parte, con lo que podíamos trabajar.
Esta forma de gestionar los cobros y pagos, llevó a las grandes constructoras a pasar de ser “Constructoras” a simplemente “Gestoras”, fijando su atención, no en el producto que se compraba y vendía, sino en intentar retener en sus manos el dinero que pasaba por ellas, cuanto más tiempo mejor.
Por eso se generaron algunas acciones muy singulares, como por ejemplo, que nosotros tenemos que pagar el IVA recaudado (en nuestra empresa se hacen pagos trimestrales del IVA) sin haberlo recaudado todavía (o sea, que adelantamos al Estado el dinero que nos retrasan las constructoras-gestoras).
O también intentar mantener las retenciones practicadas por nuestros clientes “para responder por la calidad de la obra”, mucho más allá después de haberlas terminado, e incluso poner trabas para su devolución: cualquier pretexto es bueno para no devolver el dinero que se les debe a los subcontratistas y seguir reteniéndolo.
El efecto inmediato se traduce en que toda su organización, incluidos los técnicos, centran también su atención en fijar el coste mínimo con una forma de pago lo más retardada posible. Esto no sería malo, si además se fijaran en las formas de ejecución y tuvieran en cuenta la técnica y otros detalles, como la calidad (me refiero a la calidad de verdad, no a los documentos que dejan constancia de unos hechos para que, cuando venga la visita del organismo certificador de tal calidad, no encuentre muchos fallos) y los resultados a medio y largo plazo de lo construido; pero las personas somos las que somos, y empleamos nuestro tiempo en aquellas cosas que tienen prioridad, y la prioridad en este tipo de empresas hace mucho que dejó de ser la calidad del trabajo bien hecho, sino cómo retener una cantidad de dinero cuanto más tiempo, mejor: a los empleados, técnicos o no, no se prima un buen trabajo, sino un buen resultado económico inmediato, pase lo que pase en la obra, y por lo tanto, al perder interés la técnica, se pierde el oficio, se encarga cualquier cosa basada en un pliego que no se entiende y amarrado con un contrato leonino, no se implican en la resolución de infinidad de cuestiones que surgen en las obras ya que no es ésa su prioridad y siempre tienen la posibilidad de responder “búscate la vida” o “ese es tu problema”.
A veces de nada sirve llegar a acuerdos de cobro inferiores a los 200 días: una vez que se recibe el pagaré correspondiente, ¿quién lo devuelve porque le han puesto una fecha de vencimiento 50 días más tarde?, ¿quién puede ir a los tribunales para hacerles cumplir un contrato (17 folios por las dos caras en muchas ocasiones) firmado por ambas partes?
Y esta forma de proceder, además tiene un efecto secundario no menos importante: las grandes empresas empezaron a insistir a sus trabajadores en que lo importante no era la técnica, sino el tener un cuadro comparativo que les permitiera hacer las obras con el menor coste posible, independientemente de la manera de conseguirlo y el mayor plazo de pago que los subcontratistas fueran capaces de aguantar.
(Continúa)